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El último rabino de aquende

sábado, enero 19th, 2008

El ultimo rabino de aquende - Libretos musicales de David BarberoAutor: David Barbero

Básicamente es una ópera sobre la historia de Miranda de Ebro, sobre la importancia que los judíos han tendido durante mucho tiempo en la vida de esta ciudad y sobre los especiales lazos de convivencia que se desarrollaron entres las comunidades judía y cristiana.

La historia está situada en el siglo XV en los años anteriores a la expulsión de los judíos por una orden de los reyes católicos. El protagonista que da nombre al título es un rabino joven que se ve obligado a hacerse cargo de la guía religiosa de su comunidad por al muerte del pastor espiritual anterior. La otra protagonista es una joven cristiana noble, hija de una familia poderosa en la otra comunidad. En ambos lados, hay oposición para que el amor que ha surgido entre ellos pueda continuar adelante. Se ponen en práctica todos los prejuicios existentes y las rivalidades ancestrales. Pero la voluntad de ambos va a ser el arma para tratar de superar las dificultades que van surgiendo.

La orden de expulsión decretada por los reyes pone un su camino la mayor de las dificultades y obliga a los protagonistas a realizar un esfuerzo y un sacrificio todavía mayor para consolidar su unión. El suspense por el resultado se mantiene hasta el último momento de la obra.

El texto está compuesto de acuerdo con unos versos rítmicos de buscada sonoridad. A la vez, pretende tener una fuerza expresiva que permite trasmitir a los actores – cantantes todos los sentimientos desprendidos de la acción argumental.
La música de Dionisio Diez, además de evidenciar la maestría y precisión de su dominio técnico, incide en la expresividad emocional. Destaca la presencia de los instrumentos más melodiosos para crear un ambiente emocional muy fuerte en el desarrollo de toda la acción.

Para la puesta en escena, se requiere que los cantantes no sólo tengan uno domino de las técnicas vocales sino también cualidades interpretativas de interpretación para transmitir los sentimientos.

El regreso

viernes, enero 18th, 2008

Autor: David Barbero

El abrazo inicial, que deberá producirse nada más abrir la puerta, ocupaba desde hace unos días casi con exclusividad mi imaginación gráfica. El hecho de que Teresa fuera unos centímetros más baja que yo favorecía el contacto. También ayudaba la práctica que teníamos ambos. Nos habíamos besado tantas veces en esa postura, antes y después de vivir juntos, que cada uno de los miembros, los músculos y los huesos de nuestros cuerpos tenían ya forma complementaria y se acoplaban perfectamente.

Mientras aceleraba el motor del coche para llegar pronto a casa, se iban despejando las dudas sobre la conveniencia de ese cursillo tan especializado para economistas de élite. Aunque las diez semanas me habían parecido eternas, ahora podría lograr un a buena colocación y un mejor sueldo como merecen Teresa, y los pequeños Luisa y Juan, mi única familia en la actualidad, tras la muerte de mi madre. Inmediatamente me reproché, por sentimental, el pensamiento de que ellos eran lo único que tenía, y volví a acelerar.

Debía decidir dónde tendría lugar el abrazo. Sin duda, podrían producirse muchas circunstancias imprevistas, y sería imposible controlarlo todo. Sin embargo, yo era lo suficientemente hábil para provocarlo dónde más me apeteciera. Podía llamar al timbre, y así provocaría la sorpresa y el abrazo inmediato, fundiéndonos y besándonos en el descansillo de la escalera sin llegar siquiera a cerrar la puerta. Podía también entrar sigilosamente, abriendo la puerta sin hacer ningún ruido, y sorprender a Teresa. Este encuentro a traición provocaría un abrazo menos ortodoxo y más precipitado. Tendría el atractivo añadido de poder recomponerlo. Esto sería más emocionante.

En ese momento, me vino un reproche por acordarme poco de mis hijos. Como compensación me impuse el castigo de calcular sus edades con toda exactitud, Hoy es veinte de noviembre. Luisa nació el catorce de junio, el día en que yo me rompí el brazo, por lo que no pude asistir al parto. Tiene, por lo tanto, tres años cinco meses y seis días. Juan nació casi dos años más tarde, el veinticuatro de marzo. Le faltan cuatro días para cumplir un año y ocho meses. Podía calcular incluso las horas. Luisa nació casi a las cinco en punto de la tarde. Había que añadir tres horas y media. A Juan, hay que descontarle media hora porque nació a las nueve. Sentí relajación interior por haber reparado aquel olvido. Realmente, los idolatraba a los dos. Estaba impaciente por jugar con ellos tirados en las alfombras, ante las protestas de Teresa porque desordenábamos todo.

Miré el reloj. Debía lograr que no marcara las nueve y cuarto cuando sacara la llave de contacto y dejara el motor bloqueado. Aceleré de nuevo. A esa hora, Luisa y Juan ya se habrían dormido. Teresa estaría terminado de cenar. Seguro que era una cena fría y también solitaria. Se la habría preparado en una bandeja y estaría sentada, más bien tumbada, en el sofá, con la televisión girada para tener la pantalla más paralela.

Lo había logrado. Nueve y diez. Allí tenía mi casa. Calle Sendeja, número 5. Las ventanas dejaban ver la luz eléctrica. Había logrado aparcar junto a la ría, enfrente del portal. Todo estaba igual. El reloj del ayuntamiento continuaba un poco atrasado. La basura seguía desbordando el contenedor. Me coloqué bien el cuello de la camisa y estiré las mangas de mi chaqueta. No di importancia al olor a sudor que salía de mi cuerpo y comencé a andar. Entraría sin previo aviso y sin hacer ningún ruido. Era mejor provocar la sorpresa. El abrazo sería más apasionado.

Hasta tres veces intenté introducir la llave en la cerradura de la puerta de la calle. No entraba. Habrían cambiado de cerradura. Vive gente tan bruta en esta casa que la habrían roto otra vez. De todos modos, comprobé si lo estaba intentando con la llave adecuada. Sí. Era la llave de la puerta exterior.

No llamé por el portero automático a Teresa. No quería descubrir mi presencia. Tenía que pillarla por sorpresa.

-Me abre, por favor. He olvidado la llave.

La señora del primer piso no puso ninguna dificultad, ni trató de obtener más datos sobre mi identidad. A través del portero automático no se perciben bien las voces, pero juraría que era doña Magdalena, la señora gordita, siempre teñida de rubia, que vive con la familia de su hijo.

Allí estaba el viejo ascensor con la puerta sin pintar. Como siempre, había quedado parado en uno de los pisos altos. Afortunadamente no había posibilidad de cambiar la cerradura. Apreté el botón, e inmediatamente comenzaron a encenderse los números en sentido descendente. Recordé las últimas recomendaciones para no hacer ningún ruido en la puerta del piso, y llegar al salón, por detrás, con el fin de que Teresa no se diera cuenta de mi llegada.

¡No! No podían haber cambiado también la cerradura del piso. Se venía todo el plan abajo. Ahora tenía que llamar al timbre y se destrozaría la sorpresa. ¡ No podía ser ! ¿ Me habría equivocado de llave ? No. Era esa. No había ninguna duda. Lo intenté de nuevo. Definitivamente no entraba la llave. Era inútil. La fuerza en estos casos no vale para nada. Tendría que llamar. Tampoco era ninguna tragedia. No se veía a nadie en la escalera. Nos abrazaríamos allí en el descansillo.

Presioné el timbre una sola vez para que no identificara mi modo característico de llamar. Mientras esperaba, separé con el pie la bolsa de la ropa. No debía molestar durante el abrazo. Ya se oían sus pasos. Humedecí los labios. El primer beso después de diez semanas tenía que estar bien preparado. Se oyó el cerrojo. Ante no lo había. Teresa habría tenido miedo, y lo habría mandado colocar. Por fin, se abría la puerta lentamente. No debía abalanzarme. Deseaba ver la sorpresa en su rostro a cierta distancia. No estaba la puerta ni medio abierta cuando asomó tímidamente la cabeza, manteniendo el seguro colocado.

¡ No era Teresa ! Era una señora mayor, delgada, con el pelo casi blanco, que miraba con desconfianza y sostenía la puerta para impedirme la entrada.

-¿ Qué desea ?
-Perdón. Me he debido equivocar. Venía al cuarto derecha.
-Este es el cuarto derecha. ¿ A quién busca ?
-¿ El cuarto derecha ? Es imposible.
-Este es el cuarto derecha. Lo ha sido siempre.
-Me habré equivocado, entonces, de portal. Claro. Por eso, no podía abrir la puerta de la calle. Voy al número cinco.
-Este es el número cinco de la calle Sendeja.
-¡ No puede ser ! ¿ Acaban Vds. de comprar este piso ?
-¿ Comprarlo ? Yo vivo aquí desde que me casé.
– Tiene que haber una confusión. ¿ Está segura de que es el cuarto piso del número cinco de la calle Sendeja ?
– ¿ Vd. qué pretende ? ¿ Me está tomando el pelo ? Váyase a su casa y déjeme en paz.
-Esta es mi casa. Yo vivo en el cuarto piso del número cinco de la calle Sendeja.
-Si no se va, tendré que llamar a la policía.
-Vivo en este piso desde hace cinco años. Aquí debía estar mi familia.
-Vaya a buscarla a otro sitio. Aquí no está.
-¿ Dónde puedo buscarla ? No tengo otro sitio donde ir. Me fui hace dos meses a un curso y dejé aquí a mi esposa y a mis hijos.
-Eso es imposible. Nosotros vivimos aquí desde hace cuarenta y dos años.
-Los dejé aquí. Estoy seguro. No tengo ninguna duda. Este es mi piso. Lo compré hace cinco años y todavía no he terminado de pagarlo.
-Tengo que cerrar. No puedo perder más tiempo.
-¡ Espere un momento, por favor !
-Lo siento. ¡ Adiós !

Se oyó cómo la anciana volvía a cerrar la puerta con cerrojo, y cómo levantaba la mirilla para observarme desde dentro. Me quedé inmóvil. No sabía qué hacer. Me senté en el borde del descansillo sobre la primera escalera. Tenía la mente en blanco. Mi imaginación visual estaba vacía.

Me levanté. Encima de la puerta del ascensor volví a leer: ‘cuarto piso’. Evidentemente, ésa era la mano derecha. Me acerqué para palpar la puerta. Era mi piso. No había ninguna duda. No estaba sufriendo ninguna alucinación. Podía llamar de nuevo. Quizá todo había sido… ¿ Qué podía haber sido ? Ese era mi piso. No había ninguna duda. Pero la señora anciana seguía detrás de la mirilla. Se la oía respirar con temor. No había tampoco ninguna duda.

Negro de mierda

viernes, enero 18th, 2008

Autor: David Barbero

SECUENCIA 1ª.- La acción arranca con un primer plano del rostro de un hombre gordo, de buena posición social. Sus rasgos son los de una persona violenta. Es grueso y bastante alto. Tiene escaso pelo, ya canoso, en la cabeza. Su bigote, en cambio, es negro y espeso. Está en la mitad de su vida, pero aparenta más de la edad que tiene.

SECUENCIA 2ª.- Vive en un piso viejo, grande, lleno de objetos y muebles. Abunda el desorden y falta la limpieza. Tiene almacenados, por distintos sitios, muy diversos objetos. Sobre todo, tiene instrumentos y utensilios mecánicos usados. No aparece ningún libro por ninguna parte.

SECUENCIA 3ª.- El señor gordo de mediana edad se dirige hacia la ventana. Está llevando a cabo una estrategia muy bien preparada. Mira por el balcón a través de un telescopio de gran potencia. Lo tiene enfocado hacia la esquina de una calle próxima, frente al campo de deporte de un instituto de enseñanza media. En ese momento, la esquina está vacía.

SECUENCIA 4ª.- Al dejar de mirar por el telescopio, enfadado por no encontrar a nadie, el hombre de bigote poblado suelta expresiones como ‘extranjero asqueroso’ o ‘negro de mierda’. Aunque en ese momento no se sepa hacia quién van dirigidos esos insultos, destaca el tono con que los dice. Hay mucho asco y también un gran odio. Está muy enfadado y nervioso porque no puede todavía llevar a cabo su plan.

SECUENCIA 5ª.- Cuando se aleja de la ventana, el señor gordo comienza a preparar un rifle de gran potencia y mayor precisión. A la vez que lo prepara, lo acaricia y saca brillo. Demuestra tener el propósito y hasta el deseo premeditado de utilizarlo. Evidencia, por sus gestos, que disfruta mucho con el uso de las armas. Lo contempla con deleite. Vuelve a acariciarlo.

SECUENCIA 6ª.- El señor gordo y bigotudo suda mucho. Parte de la camisa la tiene húmeda. Nueva mirada por el telescopio. Primer plano de las gotas de sudor que le aparecen encima del bigote. La esquina vigilada a través del telescopio sigue vacía. Gesto de contrariedad. Escupe al suelo.

(En esta secuencia, puede haber una alternativa. El hombre gordo de buena posición social que suda mucho puede tener ya colocado tras la ventana el fusil de gran potencia. Mira a la esquina a través de su mira telescópica. Es preciso estudiar con detención cuál de las dos posibilidades produce más rechazo y repugnancia hacia el protagonista.)

SECUENCIA 7ª.- El hombre grueso de bigote espeso tropieza al salir de la habitación. Se enfada. Repite sus palabrotas. Estos insultos, dirigidos al enemigo que todavía no ha aparecido en la esquina, inciden despectivamente en su origen africano. Además, por primera vez, hacen alusión al tráfico de drogas.

SECUENCIA 8ª.- Estas alusiones a la droga permiten presentar una escena retrospectiva sobre la hija del señor gordo, sudoroso y violento. Era una estudiante del instituto cercano. Tenía un grave problema con las drogas a pesar de estar en la adolescencia. El padre no tuvo ninguna sospecha de ese problema hasta que llegó el desenlace fatal por una sobredosis.

SECUENCIA 9ª.- Para mayor eficacia narrativa, no se recurrirá a varias escenas de la joven comprando drogas y después consumiéndola. Habrá que centrarse en una sola escena de gran impacto. Puede tener lugar en la misma casa para más provocación, aprovechando la ausencia paterna.

SECUENCIA 10ª.- Tras esperar a que salga su padre, la chica llega a la casa con los efectos del mono y con grandes ansias de inyectarse la droga. Precipitadamente prepara la substancia estimulante entre muchos nervios. Se ve con detalle el pinchazo. Las primeras reacciones se producen con normalidad. Una convulsión repentina. Fuertes contracciones. Después, sobreviene la muerte trágica a causa de haber utilizado droga, que le vendieron ya adulterada. Todo este proceso debe producir gran impacto. También impresiona el estado en que queda el cadáver de la joven tirado en medio del pasillo.

SECUENCIA 11ª.- Todavía dentro de la acción retrospectiva en la que ha muerto la hija por inyectarse droga adulterada, el señor grueso de bigote espeso regresa a casa en una noche de lluvia. Puede haber un contraste con la manera en que ha entrado la joven. Se sacude el agua sin preocuparse donde cae. Deja el vestíbulo sucio con el barro. Camina por el pasillo hacia la sala sin sospechar lo que se va a encontrar. Mientras entra, se entretiene con los objetos viejos y sucios que tanto le gustan. No ve el cadáver de su hija hasta que no tropieza con él.

SECUENCIA 12ª.- Sería muy efectivo realizar un montaje visual superponiendo la cara del padre en el momento encontrar a la hija muerta a causa de la droga y su expresión en el momento actual, tras comprobar que no hay nadie en la esquina.

( La acción retrospectiva debe situarse en un tiempo muy cercano al presente. La muerte de la hija ha tenido lugar hace poco. )

SECUENCIA 13ª.- Cuando termina la acción retrospectiva, el hombre gordo vuelve a jurar venganza con gran agresividad. Su rostro y su cuello llegan a congestionarse por la acumulación de sangre. También puede ser el momento oportuno para destacar los aparatosos ataques de tos que frecuentemente padece.

SECUENCIA 14ª.- En ese momento, aparece un primer plano del fusil de precisión preparado y muy brillante. Inmediatamente se ofrece otro plano del telescopio dirigido a la esquina que continúa vacía. Con esta reiteración, se deja claro el sentido de la situación: Desea vengar la muerte de su hija. Quiere destrozar al traficante de drogas que realiza este comercio fatal en la esquina vigilada.

SECUENCIA 15ª.- El hombre gordo se quita el sudor de la frente con un pañuelo ya sucio y lo guarda en el bolsillo. Se muestra una vez más la esquina todavía sin ocupar, para justificar la decisión del padre de salir a comprar un periódico o un paquete de tabaco. El enfado del señor gordo sigue siendo muy fuerte.

( Hay que meditar un poco más sobre la elección entre el periódico y el tabaco. Es preferible el tabaco sobre todo si va a comprar una marca muy fuerte y no considerada de élite. De esta manera, se reforzaría el carácter violento del tipo gordo y bigotudo. Lo de comprar el periódico tiene un ligero aire intelectual no muy acorde con los tipos violentos que ya han decidido realizar su venganza y la manera de llevarla a cabo.)

SECUENCIA 16ª.- El hombre gordo se prepara para salir de casa. Su manera de vestir debe reflejar su buena posición social. Sin embargo, no se preocupa nada de los aspectos estéticos. Va sucio. El sudor lo denuncia siempre. Se coloca, sin ningún cuidado, la ropa. Antes de salir, vuelve a acariciar el fusil que tiene preparado.

SECUENCIA 17ª.- En el descansillo de la escalera, mientras cierra la puerta, nuestro hombre sudoroso se cruza con el vecino del piso de arriba. Es un tipo en los últimos años de su juventud, cuya apariencia pretende alargar por vanidad. Alto, delgado y patilludo. Lleva el pelo, con brillantina. Imprescindible, gafas oscuras. También imprescindible, traje blanco. La camisa y la corbata, de un tono oscuro. Fuma. Tose de forma continua, desagradable e insana.

SECUENCIA 18ª.- El hombre vestido de blanco toma la iniciativa de saludar al señor gordo a pesar de su tos crónica. Improvisa una alusión de condolencia por la muerte de su hija. Puede decir algo así como: ‘Don Anselmo, lamento ( o siento ) la muerte de su hija ‘. ‘Muchas gracias’, contesta el señor gordo mientras cierra la puerta. Poca conversación, pero la suficiente para mostrar que son dos vecinos aceptados y respetados mutuamente.

SECUENCIA 19ª.- Ante la fachada del edificio, se ve cómo salen el tipo patilludo del traje blanco y el hombre de poco pelo y mucho sudor. Antes de despedirse con un gesto convencional, al ver pasar a una mujer y un niño de color oscuro, uno dice: ‘¿Se ha fijado cómo nos están invadiendo estos indeseables?’. El otro asiente. ‘Terminarán pisándonos los huevos’. Cada uno toma una dirección diferente. El flaco de pelo engominado se dirige a un local de alterne, donde ya están esperando varios jóvenes, frente a la puerta principal del centro escolar.

SECUENCIA 20ª.- Un plano rápido sitúa al señor gordo en un estanco oscuro, algo siniestro. Antes de pagar, rompe el paquete de cigarrillos y enciende uno. El humo le rodea toda la cara. Vuelve a toser sin quitarse el cigarrillo de la boca.

SECUENCIA 21ª.-Otro plano rápido coloca a nuestro protagonista en el portal regresando a su casa. Abre la puerta con torpeza. Cierra de una patada. El barro que ha cogido en los zapatos, va manchando las escaleras. Entra en su vivienda fumando. Echa el humo sin quitarse el cigarrillo de la boca.

SECUENCIA 22ª.- Al pasar junto al fusil de precisión, lo acaricia. Se dirige al telescopio. Mira. Se sorprende. ¡ La esquina ya se encuentra ocupada ! Está el joven negro que esperaba. Nerviosismo repentino en el señor gordo violento de buena posición económica. Tira el cigarrillo al suelo. Lo aplasta con el zapato manchado de barro.

SECUENCIA 23ª.- Primerísimo plano de las gotas de sudor encima del bigote. El señor gordo coloca el fusil de precisión junto a la ventana. Lo hace con prisa pero con exactitud. Suda todavía más encima del bigote y en la frente. Lo carga con varios cartuchos enormes. Los empuja con sus dedos gruesas.

SECUENCIA 24ª.- Por el telescopio se ve cómo el joven negro colocado en la esquina está repartiendo algo indefinido desde esa distancia. Jóvenes estudiantes, de uno en uno, se acercan a él. Le entregan algo. Él les da a cambio otra cosa, también de escasas dimensiones, sin necesidad de hablar.

SECUENCIA 25ª.- El hombre gordo y violento abre ligeramente la ventana. Se coloca detrás del fusil. Nuevo encuadre de atención sobre las gotas de sudor en la frente y encima del bigote. Apunta con cuidado. Un primerísimo plano del dedo apretando el gatillo. El disparo produce un enorme ruido. El rebote del arma lanza al suelo todo el instrumento.

SECUENCIA 26ª.- El joven negro queda absolutamente destrozado. Todo su pecho aparece roto con un gran agujero ensangrentado. Las paredes cercanas se llenan de sangre. Trozos de carne quedan también pegados.

SECUENCIA 27ª.- El señor violento, acariciando todavía su fusil, repite sus insultos preferidos. Escupe. ‘¡ Negro de mierda, ya tienes lo merecido !’. Se quita el sudor con el pañuelo y lo guarda en el bolsillo.

SECUENCIA 28ª.- La caja de los objetos que estaba distribuyendo el joven negro aparece desparramada. Al acercarse el plano, se ve claramente que no tiene nada que ver con el tráfico de drogas. Estaba vendiendo, para ganarse malamente la vida, tikets muy baratos para los ensayos generales de la orquesta sinfónica.

SECUENCIA 29ª.- El fuerte sonido del disparo se ha oído en el pequeño local, frente a la puerta central del instituto. El hombre patilludo de pelo engominado interrumpe el sucio mercado de la droga adulterada entre los jóvenes estudiantes. De forma atropellada y violenta recoge toda la mercancía. Empuja a los que están esperando y se va precipitadamente. Tropieza, pero continúa corriendo.

(Habrá que buscar un final de gran impacto. El señor gordo de buena posición y el hombre patilludo, engominado, vestido de ganster coinciden mientras huyen muy cerca del lugar donde todavía se halla el cadáver destrozado del joven de piel oscura. Tropiezan los dos y se piden mutuamente perdón, mientras se ayudan a escapar, para mayor ironía.)

El amod de Medceditas

viernes, enero 18th, 2008

Autor: David Barbero

«¿Pod qué no me quieden?»

UNO:
-Amá, mídame a los ojos. – dijo Merceditas, la joven discapacitada, a su madre – Quiedo salid con Kike y me quiedo casad. No digas no. Me has educado pada sed chica nodmal. He tabajado. mucho, mucho, mucho. Hablo como chica nodmal. Chicas nodmales de mi edad salen con chicos y se casan.
-Merceditas, tú …
-Hablo como chica nodmal. –interrumpió Merceditas con vehemencia – Soy chica nodmal. He cumplido veintiún años. ¡No digas no!
-Merceditas, tú eres una chica normal. Pero la sociedad no es normal. En Isla Pequeña, hay dos comunidades, el puerto y la ciudad. Están enfrentadas violentamente.
-Chicas nodmales salen con chico que quieden. – la joven cada vez estaba más nerviosa – Yo quiedo a Kike. ¡No digas no!
-En Isla pequeña, hay violencia. Hay atentados. Ponen bombas. A ti, te alcanzó una. No hay suficiente seguridad. Además, tú eres del puerto y Kike es de la ciudad.
-¡Amá, eso son tontedías! –gritó Merceditas – Yo soy chica nodmal. Nodmales no dicen esas tontedías. ¡No digas no!
-¡Merceditas! – afirmó la madre, exponiendo con fuerza su nueva decisión, mientras se limpiaba las lágrimas que le recorrían ya las mejillas – Saldrás con Kike. ¡Yo te lo prometo!

DOS:
Kike, enfermo también con un Síndrome Indefinido de Discapacidad Congénita, salió de su habitación con temor. Trató de no hacer ruido al cerrar la puerta. Caminó con cuidado hasta el salón, donde sus ancianos padres estaban viendo un programa de televisión. Carraspeó para que le hicieran caso.

-Esta noche viene Medceditas. – dijo el joven con gran nerviosismo.
-¿Para qué va a venir esta noche Merceditas? Sabes que no queremos aquí a esa chica. –contestó su padre, en un tono de reproche. – Vive en el puerto y su padre murió en un enfrentamiento.
-Tae a su made. Vienen a pedid pada salid juntos.
-Tú no tienes que salir con ella ni con nadie del puerto. ¡Vete!. Vuelve a tu habitación y no digas más tonterías.

Kike, mientras volvía hacia su habitación, se puso a llorar con sonoros sollozos. Le había estallado la tensión acumulada en la, para él complicada, operación de anunciar a sus padres la llegada de la que, con las luces de su discapacidad, consideraba su novia.

TRES:
-¡Amá! – volvió a insistir Merceditas tirando de la manga a su madre.
-¡Es que no me vas a dejar terminar!
-Si pades de Kike no aceptan, me tido al mad pod las docas.
-¡No digas más tonterías. Merceditas! –replicó la madre – Aunque no te acepten no hay motivo para tirarse al mar.
-Lo digo de veddad. ¡Me tido al mad! Kike, pada mí, es todo. Me tido pod el acantilado.
-¡No vuelvas decir eso ni en broma!
-¿Tú qué vas a haced, si me dechazan?
-Si te rechazan, les sacaré las tripas y se las echaré a los tiburones.
-¡Hablo en sedio, amá!
-Yo también hablo en serio. Si alguien te hace algún daño, te prometo que le sacaré las tripas de verdad. Nadie te va a hacer daño, mientras yo viva.

CUATRO:
Kike volvió a salir de su habitación. Esta vez no se preocupó de no hacer ruido. Tampoco cerró la puerta. Fue corriendo hasta el salón y se plantó delante de sus padres, que continuaban viendo el mismo programa en la televisión.

-¡Quiedo a Medceditas! –dijo el joven gritando de rabia con gran nerviosismo – Quiedo que lo sepáis.
-¡Vete ahora mismo a tu habitación! – ordenó el padre con un gesto autoritario – Como te vuelva a oír esa tontería, te vas a acordar.
-Santiago, no le grites así al niño. – intervino la esposa.
-¡No le llames niño! Tiene ya veintiún años. ¿Cómo va a salir con una chica de puerto, además, igual que él? ¿Eh? Dímelo.
-Yo no digo nada. – terminó la madre.

Para ese momento, Kike había regresado ya corriendo a su habitación y había cerrado la puerta con rabia.

CINCO:
-Merceditas, ven aquí y siéntate. – dijo doña Mercedes.

La joven discapacitada, que ya había comenzado a prepararse, no quiso obedecer inicialmente. Alegaba que no era momento de hablar ni podían perder el tiempo. Su madre tuvo que insistir. Merceditas obedeció a regañadientes.

-A ved. ¿Qué quiedes ahoda?
-Vamos a hablar muy en serio. ¿Estás absolutamente segura de que estás enamorada de Kike y quieres salir con él?
-Sabes que sí. Te lo he dicho muchas veces.
-¿Estás completamente segura? – insistió la madre – Vamos a dar un paso muy importante diciéndoselo a sus padres. Después, no hay marcha atrás.
-Completa, completa, completa. Quiedo salid con Kike ya. Soy chica nodmal. Me voy a casad con él.
-¡Sabes que nosotras somos del puerto y él es de la ciudad!
-¡Eso es bobada, amá! Somos chicos nodmales.

SEIS:
Antes de llamar al timbre, doña Mercedes dio los últimos retoques al vestido que se había puesto su hija para causar buena impresión a los padres de Kike. Tuvieron que llamar dos veces. Merceditas se impacientó. Apareció en la puerta la madre de Kike.

-Buenas noches.
-Hola. Buenas noches.- contestó doña Mercedes con amabilidad- Esta es mi hija Merceditas.
-Venimos a ved a Kike. –dijo la joven agarrándose a su madre como si estuviera asustada.
-¡Santiago! – gritó la madre de Kike.

Apareció el padre, ya mayor. Tampoco se había preparado para recibirlas. Se manifestó con la misma frialdad, o incluso más, que su esposa.

-¡Buenas noches! Soy Santiago Grijalba, el padre de Enrique.
-No sé si su hijo les ha dicho que íbamos a venir. Nos ha invitado a cenar para…
-Lo que quieren hacer estos … estos ‘chicos’ es una locura. No se les puede tomar en…
-¡Amá, quiedo ved a Kike!
-¡Enrique está ya en su habitación! – exclamó, con gran sequedad, el padre.
-¿Ni siquiera podemos pasar para hablarlo? –solicitó doña Mercedes, mientras tomaba del brazo a su hija que estaba cada vez más asustada.
-¡No hay nada que hablar! Es absurdo. Uds. son del puerto y nosotros somos de la ciudad. ¿No comprende Vd. que es imposible en esta sociedad y con esta violencia?
-¡Quiedo a Kike! – repitió Merceditas entre sollozos.
-Lo que tenemos que hacer es eliminar la división y la violencia para que ellos puedan vivir juntos y ser felices. – propuso con firmeza doña Mercedes.
-Es imposible. – insistió el padre – Las cosas son como son.
-¡Vámonos, Merceditas!

SIETE:
Kike salió corriendo de su habitación. Se asomó al salón, donde sus padres estaban, de nuevo, viendo el mismo programa de televisión.

-¡Me cago yo en el puedto y la ciudad! – gritó a la vez que escapaba otra vez.

OCHO:
-¿Pod qué no me quieden? – dijo Merceditas llorando desesperadamente – ¿Pod qué los pades Kike no me quieden a mí?
-A ti, sí que te quieren. Lo que pasa es…
-¡Mientes! – gritó la joven. – No me quieden a mí. Me dechazan. ¿Qué he hecho yo? Soy chica nodmal. He tabajado. Mucho. Mucho. Mucho. ¿Pod qué no me quieden?
-Merceditas, yo te prometo firmemente que cambiaré toda esta mierda de la división y la violencia para que tú seas feliz. ¡Te lo prometo! ¡Lograré la paz para ti!
-Pometiste eso oto día. – dijo Merceditas, mientras comenzaba a correr – No confío más en nadie. ¡Adiós!
-¡Merceditas! – gritó la madre desesperadamente – ¿Adonde vas? Ven aquí. No vayas al acantilado. ¡Ven! No te….

Adiós, Antígona, adiós

domingo, enero 13th, 2008

Adios, Antigona, adios - David BarberoAutor: David Barbero

Año: 2007

Se trata de una versión totalmente libre de la obra clásica escrita por Sófocles. De ese original, se respeta el planteamiento inicial y algunos de los personajes. El resto responde a un intento de tratar el tema del poder y la violencia de acuerdo con los parámetros ideológicos del momento actual.

El punto fundamental de debate a través de la acción es el de la legitimidad o no del empleo de la fuerza en contra de los poderes establecidos y también de los límites que los gobernantes deben respetar en sus acciones para la gobernación de las comunidades. En este sentido, el enfrentamiento más fuerte de la acción se desarrolla entre Antígona y el rey Creonte, como fuerzas contrapuestas.

Sin embargo, hay otros personajes que adquieren una importancia muy superior a la que tienen en el texto clásico. Uno de estos personajes es la hermana de Antígona que asume la representación de una lucha contra la tiranía de forma no violenta y ofrece una alternativa democrática diferente.

También el hijo y la esposa de Creonte se enriquecen en su personalidad presentando posturas más acentuadas a la que tienen en la obra de Sófocles.

Uno de los personajes más desarrollado es el del ciego adivino Tiresias, que adquiere la misión de realizar el papel de crítico con las ambiciones de los poderosos. Asimismo, el mensajero utilizado por el autor griego asume el papel y la problemática de los medios de comunicación en la sociedad actual, con el dilema a elegir entre el sometimiento al poderoso o el servicio a la sociedad informando sobre la verdad de lo sucedido.

Una transformación importante dentro del desarrollo de la acción dramática es la sustitución de los coros griegos por un grupo de músicos con instrumentos de percusión, y la intervención de una cantante de opera.

Asimismo es preciso destacar el esfuerzo que se ha realizado para lograr una exposición más ágil de los hechos y en dinamizar los diálogos entre los distintos personajes para dotar a la representación de un ritmo más vivo y más dinámico.

Tradición manda (Adaptación)

domingo, enero 13th, 2008

Tradicion manda - David Barbero Autor/es: David Barbero

El texto original fue escrito por el escritor francés Jean Claude Danaud. Sobre ese texto, el director y productor teatral Fernando Sabadíe encargó a David Barbero una adaptación dramática que incluyera un acercamiento a la realidad del país vasco y de España en general. También se trataba de hacer una dramaturgia que acentuara los valores favorables a su representación.

Esta obra es una metáfora inteligente e intencionada sobre las ideas políticas y formas de vida de determinados grupos sociales que dan una importancia extraordinaria a sus diferencias raciales y antropológicas respecto a otras comunidades. En este caso se trata de un grupo de personas emparentado endémicamente entre ellos que tiene como característica diferenciadora la de vivir y caminar en silla de ruedas, Esa circunstancia se ha convertido para ellos mismos en el rasgo esencial de su naturaleza y historia como comunidad. Todos los miembros deben vivir y comunicarse de esa manera. Es una señal básica de distinción hacia afuera y de identidad entre ellos mismos. La crisis sucede cuando una de las jóvenes de la comunidad se enamora de una hombre ‘normal’, que anda sobre sus dos pies. Propone al jefe de la comunidad la posibilidad de casarse con él. Pero la propuesta es rechazada como contraria a los principios sacrosantos del grupo. Esa posible boda con un ‘bípedo’ es considerada por todos ellos como una traición a los pilares tradicionales y principios básicos de la comunidad. El hombre enamorado acepta las condiciones que el jefe del grupo o de la tribu le impone para casarse y así integrarse en el grupo. Entre esas condiciones, la más importante es que él deje de ser ‘bípedo’ y se adapte también a vivir y a caminar en silla de ruedas como todos los demás miembros del grupo. Todo el desarrollo interno de la comunidad parece normalizado, hasta que el recién incorporado se va haciendo con los controles de poder. Va destituyendo a los viejos caciques y prepara un cambio revolucionario de las normas de convivencia de la comunidad.

El número de actores es seis. Toda la acción se desarrolla en un único escenario. Como característica especial, todos los personajes deben moverse en silla de ruedas.

PiGuernicasso

domingo, enero 13th, 2008

PiGuernicasso - David Barbero

Autor/es: David Barbero

Pi-guernica-sso cuenta el periodo de elaboración del mural ‘Guernica’ por parte de Pablo Picasso, desde que se lo encargan a principios de enero de 1937 hasta que lo entrega a mediados de ese mismo año para ser colocado en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París.

Se pone especial énfasis en la influencia que la fotógrafa Dora Maar tiene en este periodo sobre el pintor y su decisiva incidencia en la determinación y desarrollo de ese proceso de creación del cuadro.

También se presta una destacada atención a las circunstancias políticas que rodean ese proceso artístico, con los intereses que tenía el Gobierno del Frente Popular en España en el momento de encargarle el cuadro, la oposición de los partidos conservadores, las reclamaciones del Gobierno vasco instalado ya en París, las exigencias de otros artistas vascos, y las maniobras realizadas por la alta jerarquía de la Iglesia católica para impedirlo.

Asimismo, son motivo de atención en la obra los movimientos artísticos de ese momento, de modo especial el movimiento surrealista con el que Picasso mantenía entonces relaciones, las reivindicaciones del arte por el arte y las concepciones de izquierdas que desean que el arte colabore para realizar la revolución.

Todos estos elementos se incluyen dentro de unos esquemas escénicos y expositivos que refuerzan los puntos de interés e intriga en el desarrollo de la acción.

Cenicienta, la roja

sábado, enero 5th, 2008

Es la dramatización, con intención de crítica política, del conocido cuento de ‘ La cenicienta’ que es invitada al baile del príncipe, con incorporación de elementos ideológicos para dar la vuelta a la historia infantil.

Es conveniente mantener en gran parte el aspecto de cuento tradicional pero teniendo cuidado de potenciar la intencionalidad de determinados pasajes que cambian su sentido e interpretación.

El numero de actores es reducido aunque es obligado que aparezcan algunos de los que dan carácter al cuento clásico conocido por todos.

La acción se desarrolla en dos escenarios, la casa de Cenicienta y el palacio del príncipe, pero el carácter de cuento permite una puesta escena más imaginativa y uniforme.

Es una obra corta y su duración total no llegará a los tres cuartos de hora.

Grijalba tiene nombre de mujer

sábado, enero 5th, 2008

Esta pieza musical puede situarse entre los cronicones o los cantos de ciegos, para narrar viejas historias con reminiscencias nostálgicas y de reconstrucción de la realidad.

Un juglar ciego sirve de punto de unión a las narraciones de los diversos acontecimientos. Esta continuidad es también realizada por las intervenciones del coro, que a veces interviene en su totalidad y otras se desdobla para dar más agilidad a sus actuaciones.

Además, deben intervenir solistas, tanto masculinos como femeninos, personalizando a diversos personajes que protagonizan los hechos narrados.

Se trata de una exaltación u homenaje a una pequeña localidad llamada Grijalba y al carácter de sus habitantes.

Tiene una duración total de hora y media.

Cama redonda

sábado, enero 5th, 2008

Es el libreto de un musical moderno de carácter cómico que se debe desarrollar con mucha agilidad en el escenario y con un ritmo rápido en el paso de unas secuencias a otras.

La interpretación de los números musicales han de realizarse a la vez que los protagonistas participan en bailes o acciones de mucho movimiento.

Trata la historia de unas mujeres que no pueden realizar su trabajo como prostitutas a causa de los conflictos políticos y de los enfrentamientos existentes entre una gran ciudad y un puerto cercano. Esta anécdota pretende ser una metáfora de otros conflictos existentes.

El número de personajes participantes se acerca a una quincena, pero deben ser interpretados por cuatro actrices cantantes y cuatro actores que también deben cantar y bailar.

La duración de este espectáculo es de dos horas, incluido el descanso.


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